Cicatrices
Oyendo el guion de una película para niños que mi hermano menor veía mientras me preparaba para ir a la universidad, comencé a prestarle atención a unos dinosaurios que se presumían sus heridas como algo de que estar orgullosos y contaban como las ganaron. Nadie, si quiera yo, le gustaría andar por ahí diciendo: "¿Esto? Esto fue aquella vez que me rompieron el corazón, fue el verano pasado, aún llovía cuando..." Para nada, pero estos animalitos extintos parlantes me revelaron el lado bueno de los golpes fuertes de la vida: la moraleja.